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Concluida
la Campaña del Desierto se realizó el reparto de las tierras conquistadas.
Parte de dicho territorio se distribuyó entre los soldados que participaron
en aquélla; y otra se otorgó a los suscriptores argentinos y extranjeros
del empréstito de 1878. Así se hizo con las tierras de La Pampa.
Según
el historiador Romain Gaignard, “la aristocracia ganadera que detentaba
el poder supo guardar las tierras buenas y otorgó a sus servidores las
mesetas pedregosas de la Patagonia,
comenzando, por lo demás, con las más meridionales y más inhóspitas”.
De los 56.000
certificados al portador otorgados a los soldados para obtener su atribución
de 100 hectáreas, sólo fueron utilizados 100. Los restantes fueron
revendidos a los comerciantes de tierras; de esta suerte los beneficiarios
de la división fueron grandes terratenientes - extranjeros en su mayoría -
y una masa de pequeños suscriptores que entraron en posesión de uno o dos
lotes de 10.000 hectáreas.
Sobre
300 adjudicaciones localizadas en La Pampa por el nombrado Gaignard, 11
recibieron más de 100.000 hectáreas cada uno, por un total de 1.861.000
hectáreas; y 41, más de 40.000 hectáreas cada uno, por un total de
3.512.000 hectáreas. A los ingleses se les concedieron 1.550.000 hectáreas,
distribuidas entre 73 beneficiarios, especialmente en la región más fértil
y accesible al ferrocarril.
En la
década del 80 se asiste, de este modo, a un proceso de acumulación de la
tierra en manos de una minoría. La abundancia de tierras fiscales libres
facilitó una enajenación que llevó al latifundio. El proceso se fue
ampliando hacia regiones alejadas, lo que consolidó el valor de la tierra.
Una valoración vertiginosa inicial, que causó delirante especulación,
caracterizó la primera etapa de dicho proceso. la inflación monetaria de 1884
no amedrentó a los especuladores: habiendo sido ya afortunados por la
valorización de la tierra, “también
lucraron con la desvalorización del peso”, según expresa otro historiador, Thomas F. Mc Gann. También Sarmiento
afirma en El Censor a fines de 1885: “La
prosperidad y grandeza a que ha llegado el país es el resultado de aquel
esfuerzo de un gran pueblo, y no de los maulas, de pretendidos héroes que
no son capaces de hacer nada que recoja la historia, sí no son títulos de
tierras que en otros países serían naciones o provincias, condados y
marquesados, con habitaciones por millones”.
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