Las monedas
españolas
Guiados por los
mitos de la leyenda áurea, los españoles llegaron a estas tierras buscando la
Ciudad de los Césares, el Paititi o Dorado. Muchos sueños y naves naufragaron en
el Río de la Plata, que durante largo tiempo fue la región más pobre del
Virreinato del Perú. Durante el período del descubrimiento y la conquista, la
escasez de numerario resultó enorme; pocas monedas bajaban del Norte, y la
ausencia de plata se hizo sentir, al punto que en el Paraguay y lo que hoy es la
Mesopotamia argentina se valorizaron ciertos productos - yerba, trigo, lienzo,
algodón-, que se utilizaron, dada la necesidad de intercambio, como medida común
para las transacciones, con el simbólico nombre de moneda de la tierra. En el Perú mismo,
rico en minas de plata, faltaba la moneda metálica. Los españoles apelaron
entonces a la circulación de unos tejos argentíferos, cuya ley fue mermando con
el tiempo: los pesos corrientes. La composición de tales piezas,
utilizadas como moneda, se calculaba sólo en un cincuenta por ciento de fino.
Los virreyes combatieron sin tregua la circulación de esta mala plata, que,
entre otros inconvenientes, presentaba el de eludir el impuesto del quinto real
y se usaba con toda malicia para el pago de los indefensos indígenas. Las primeras piezas
no llevaban fecha, la que comenzó a estamparse en 1617, bajo el reinado de
Felipe III: por ello, toda clasificación cronológica anterior sólo puede hacerse
por la inicial de los ensayadores y el estudio de sus respectivos diseños. Estos
últimos se mantuvieron invariables hasta mediados del siglo XVII, cuando, al ser
detectada una importante adulteración de piezas, se dispuso su cambio. Desde entonces se cuidó celosamente la correcta
ley de las monedas, modificándose el diseño en los cuños. Las piezas
adulteradas fueron reducidas en su valor facial y después retiradas de
circulación. Las nuevas emisiones, que empezaron a troquelarse en 1652,
mostraban dos columnas asentadas sobre ondas de mar y atravesadas por el
mote PLVS VLTRA. Las piezas de ese año todavía presentan diferencias en su
diseño, pero en 1653 se acuerda un tipo definitivo, que será mantenido hasta
1773. Si
bien las primeras monedas de Felipe II tenían una configuración más o menos
circular, hacia el reinado de Carlos III las macuquinas eran totalmente
deformes y de pésima factura. Pero lejos estaban de ser las piezas de baja
ley y peso inferior al legal que ciertos numismáticos quieren atribuir a
estas labraciones: las macuquinas seguían fielmente las ordenanzas y su ley
era, en muchos casos, superior a la establecida. Las últimas monedas "cortadas" se acuñaron
en Potosí en 1773. En 1767 ya habían sido troqueladas las primeras piezas
con canto laureado y cordoncillo (canto de la moneda cuando está labrado con
dibujos, laureles, leyendas, signos, estrías, etc. destinado a impedir que
sean cercenadas), lo que representó un notable avance técnico, aunque esta
innovación se hacía con décadas de retraso respecto de otras cecas
hispanoamericanas. Así, las nuevas monedas mostraban en su anverso un escudo
español coronado y en su reverso columnas sobre las ondas de mar, encerrando
dos esferas superpuestas que representaban los dos mundos. Estas monedas, acaso las más bellas de las
series hispanoamericanas, se denominaron columnarias o de mundos
y mares, su acuñación finalizó con la Real Cédula del 27 de marzo de
1772, que ordenaba variar el tipo por el busto de los monarcas españoles.
Las nuevas emisiones, labradas a partir del año siguiente, mostraban el
perfil de los reyes, laureados y vestidos como emperadores romanos.
Hasta 1778, cuando se autorizó la acuñación
en oro, se labraban únicamente monedas de plata, con estos valores: de 8
reales (un peso o patacón), que tenía 27 gramos de plata; de 4 reales
(tostón); de 2 reales (peseta), de 1 real y de medio real.
Cuando los
argentinos ocuparon Potosí, la ceca acuñaba monedas con el retrato de Fernando
VII. Salvo los periodos de dominación patriota, las emisiones continuaron con el
nombre de aquel monarca hasta 1825, en que se produjo el cese total de la
administración española en América. |
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