El gobierno riojano
veía con sumo interés la instalación de una casa de moneda, pues ese era el
único medio de progreso que vislumbraba para sus habitantes. Esa provincia
contaba con las pastas de plata procedentes del Famatina, pero carecía de
recursos para abonar los primeros gastos del establecimiento. Por ello el
Gobernador Baltasar Agüero dispuso establecer la ceca mediante una suscripción
de acciones entre particulares, por valor de 1000 pesos cada una, integrada en
dos cuotas trimestrales, por un término de cinco años ampliado luego a diez.
Esto ocurría en agosto de 1824. Ya entonces se encontraban en La Rioja nuevos
útiles y herramientas enviados desde Buenos Aires, y se había podido construir
una máquina de amonedar, con bronce obsequiado por la provincia de Córdoba. El
31 de marzo de ese año se conocieron las muestras de las primeras monedas
redondas de cordón, del valor de 2 escudos de oro, así como de 2 soles y de 1
real de plata.
La suscripción
inicial de acciones despertó poco interés, aunque participó en ella una sociedad
de financistas porteños cuya cabeza visible era Braulio Costa. Al no reunirse
los fondos necesarios, se decidió refundir la primitiva asociación en una nueva,
en la que intervino además Juan Facundo Quiroga y donde los capitales porteños
formaron mayoría. La sociedad se denominó Banco de Rescates y Casa de Moneda de
la Rioja; sus estatutos fueron aprobados el 30 de Julio de 1825
.Las acuñaciones de la primera etapa imitaban a las monedas patrias de Potosí:
mostraban un sol radiante y un escudo nacional sin sol, incluyéndose las
iniciales RA como marca de ceca. A partir de 1826 ostentaron además la letra P
del ensayador Manuel Piñeyro y Pardo. En el mismo año se lanzaban a la
circulación las primeras onzas de oro de 8 escudos, y se emitían también piezas
de plata de 8 reales, todas de excelente factura.
Las labraciones en oro y plata continuaron durante los años siguientes, variando,
en los patacones, la cantidad de hojas de laurel y el tamaño del sol. A las
abundantes piezas de 2 soles batidas en 1826, sucede un período de interrupción
de las acuñaciones de este valor, que sólo reaparecerá en 1842; en cambio, en
1828 y 1832 se troquelan las primeras monedas de 4 soles. Los realitos
riojanos (1 real), profusos en 1824, fueron escasos en 1825, cuando se acuñan,
por última vez, piezas de dicha denominación.
En 1829 la ceca sufre las primeras consecuencias de la guerra civil: sus
instalaciones son desmanteladas y sólo emite unas pocas onzas de oro, de las
cuales en la actualidad se conocen nada más que dos ejemplares. Derrotado
Quiroga en La Tablada y después en Oncativo, el General Gregorio Aráoz de
Lamadrid ocupa la provincia y se proclama Gobernador. Trata de poner en
funcionamiento la ceca, pero las labraciones se inician apenas a fines de
septiembre de 1830. Por esta razón, las onzas de ese año son realmente raras,
como así también los pesos de plata. Este tipo, imitando las piezas patrias de
Potosí, se batirá casi sin interrupciones hasta 1837, pero el año anterior había
tenido lugar una importante variación en las monedas de oro.
En efecto, después
del asesinato de Quiroga en 1835, el Brigadier Tomás Brizuela -hombre fuerte de
La Rioja- propone a la Legislatura la acuñación de piezas con el retrato de Juan
Manuel de Rosas. La iniciativa tiene el apoyo del Gobernador Juan Antonio
Carmona y los diputados resuelven favorablemente el proyecto. Las monedas llevan
el busto del mandatario porteño, con una leyenda debajo: ROSAS. En su
circunferencia se lee: "REPUBLICA ARGENTINA CONFEDERADA". El "gran
sello" de la provincia (el cerro de Famatina, con trofeos en su base) aparece
estampado en el reverso, acompañando la inscripción: "POR LA LIGA LITORAL
SERA FELIZ".
El 12 de Septiembre de 1836 se comunica la novedad a Rosas, a quien se le envían
además, por mano del teniente coronel Juan Antonio Maurín, seis ejemplares de la
onza de oro. El Gobernador de Buenos Aires contesta por oficio del 16 de
Noviembre, señalando, entre otras cosas, "la inexplicable sorpresa que ha
producido en el ánimo del infrascripto un anuncio de tanta magnitud... cuanto
jamás pudo imaginarse que la benemérita provincia de La Rioja, por muy grande
que fuese el aprecio que hiciese de sus servicios, llegase ni remotamente a
darles un valor correspondiente a tan alta e inestimable demostración". Más
adelante protesta su fidelidad y deberes de buen argentino, y dice no hallar
otra forma de manifestar su gratitud que "rogando encarecidamente a S.E. el
señor Gobernador de La Rioja quiera llamar nuevamente la atención de los señores
representantes de la provincia... restableciendo en el tipo de la expresada
moneda los símbolos de Unión y Libertad... y expresando cuanto más en las
respectivas inscripciones los objetos que se ha propuesto en la variación
sancionada."
Insisten los riojanos, ratificando la ley anterior el 19 de Enero de 1837, pero
Rosas se mantiene inflexible y, por oficio del 27 de Febrero, vuelve a rechazar
el homenaje, alegando, entre otros argumentos, que "su razón y conciencia no
permiten al infrascripto, variar el juicio que se ha formado sobre tan grave y
delicado negocio".
Así fue como la Sala
de Representantes, el 19 de Junio, abroga la cuestionada ley y dispone al mismo
tiempo grabar en la moneda el sello de la provincia con trofeos militares, y la
inscripción: REPUBLICA ARGENTINA CONFEDERADA, mientras en el reverso
aparecía la leyenda laudatoria ETERNO LOORAL RESTAURADOR ROSAS.
La ley entró en
vigor en 1838; se acuñaron entonces, con el nuevo modelo, pesos de plata y
onzas de oro, que también fueron emitidos en 1839 y 1840.
Preciso es explicar, a esta altura, que las autoridades de La Rioja querían
algo más que rendir tributo a don Juan Manuel: buscaban crear una moneda
nacional -como uno de los pasos tendientes a la fundación del Estado
Nacional-, y para eso se necesitaba la aceptación de quien era el virtual
jefe supremo de la Argentina. Una carta de Brizuela a Rosas ilustra, con
meridiana claridad, los alcances de la iniciativa fiduciaria: "Decidió
más mi intento la consideración, que me lisonjeaba, de que con este
proyecto nos acercábamos más y más a una Constitución Nacional...". La
negativa del caudillo bonaerense se explica, así, en todo su sentido: no le
disgustaba tanto el homenaje como la posibilidad de ir organizando política
y jurídicamente a la Argentina.
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