El balancín de París
El 2 de
Febrero de 1844, con la aprobación de la Sala de Representantes, el
gobernador Manuel López instituye la Casa de Moneda de Córdoba,
poniéndola bajo la dirección del contador José María Aldao y obligando a
los particulares a entregar los cuños, troqueles y herramientas de
amonedar que tuvieran en su poder. Si bien se preveía que la ceca habría
de emitir todo tipo de monedas -incluso onzas de oro-, en la práctica
sólo se acuñaron piezas de plata. Como hubo
inconvenientes para asegurar la máquina al piso, la misma tenía
algún movimiento, lo que se refleja en las piezas
de 2 reales, muchas de las cuales muestran la doble acuñación. En los
años siguientes salió de la prensa una apreciable cantidad de monedas de
2 reales con el escudo de Córdoba en su anverso y en el reverso un sol
con numerosas variantes de haces, rosetas, placas, etc.
Las monedas tenían una ley de 9 dineros, o
sea, 750 milésimos de fino, y en varias oportunidades las labraciones
debieron ser suspendidas por desperfectos en las maquinarias, a las
cuales fue necesario renovar parcialmente en 1848. En tal sentido se
hicieron conexiones para adquirir un balancín -con sus útiles- existente
en Montevideo, solicitándose permiso a Rosas para desembarcarlo en
Buenos Aires y trasladarlo a Córdoba. Se ignora si esta gestión llegó a
feliz término, pero -háyase o no adquirido el balancín- es interesante
señalar la influencia que las monedas uruguayas de cobre ejercieron
sobre las piezas cordobesas, especialmente las de 4 reales, que ostentan
el mismo sol. El dibujo de este es similar al empleado en las medallas
para la jura de la Independencia del Perú, en 1821. Siendo
necesaria la renovación de maquinarias, se presentó al gobierno de
Córdoba en 1850 el ingeniero francés Juan Roqué, quien, debiendo viajar
a París y al tanto de las continuas interrupciones de trabajo que sufría
la ceca por defecto de sus maquinarias, propuso encargarse en Europa de
la contratación de balancines de acuñar, tarea que haría personalmente
en base a sus conocimientos en la materia. Para ello
solicitaba que, en compensación de sus servicios, se le permitiera
introducir en Córdoba mercaderías de procedencia europea, sin abonar
derechos de aduana.
La locación de los servicios de Roqué fue
aceptada por decreto del 22 de Julio de 1850. Según el convenio -firmado
en agosto de ese año-, Roqué debía traer a Córdoba un volante para
sellar toda clase de monedas; una máquina de cortar cospeles, una de
acordonar, dos cilindros para estirar la plata, rieleras, punzones,
troqueles y crisoles. Las tratativas en París llegaron a buen término, y
en marzo de 1852, máquinas y útiles estaban en Córdoba.
Los pesos de 1852 son considerados las
monedas más hermosas de las emisiones cordobesas, y muestran un novedoso
sol formado por haces superpuestos. De estas piezas se conocen 9 cuños
de anverso, uno de ellos con un error de leyenda:
PROVINCIA DE CORDOVA
en lugar de Córdoba, una verdadera rareza. También en 1852 se
labraron dos tipos diferentes de 4 reales, uno con cuños franceses
similares al peso, otro de fino y elegante diseño, grabado en La Rioja
por José Barros Quintero. Mientras tanto, la situación provincial
después de Caseros había cambiado. La plata escaseaba y los precios de
la ceca habían sido superados por la realidad. En Diciembre de 1853, el
gobernador autorizó un aumento de fondos, pero el establecimiento sólo
concreta exiguas adquisiciones de plata en enero del año siguiente; en
marzo realizó sus últimas acuñaciones. En Diciembre de 1854, las
máquinas sirvieron para garantizar un empréstito negociado por la
provincia. |
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