Boulton, radicado en Soho, Birmingham, estudió
la propuesta y sugirió acuñar piezas de igual perfección a la moneda
británica de cobre, incluyendo en su presupuesto la confección de los cuños
y el envase y traslado hasta Londres. Al mismo tiempo envió muestras de la
moneda de medio penique que se batía en sus talleres para circular en la
isla de Santa Elena, sugiriendo Hullett un diseño similar para los cobres
argentinos.
Esta moneda, con las variaciones correspondientes del escudo de Buenos
Aires, se tomó como modelo. Así fue como en marzo de 1823 se embarcaron 177
barriles conteniendo cuatro millones de piezas de un décimo de real, que
entraron en circulación por decreto del 23 de Julio de ese año. Una segunda
partida de décimos fue labrada por Boulton en 1823, pero el gobierno
suspendió su envío, por la necesidad de "poner lentamente en circulación la
nueva moneda".
Estos últimos décimos, que llevan fecha de 1823, fueron embarcados en
Londres en diciembre de 1824. Llegaron al país en 1825, en tres remesas que
sumaban otros cuatro millones de piezas. Los cobres porteños de Birmingham
muestran en su anverso el escudo de Buenos Aires y son de excelente factura.
Fueron retirados del mercado por decreto del 20 de Abril de 1827.
La circulación de los décimos de Birmingham
había dejado una buena diferencia al gobierno provincial, que al solicitar a
Boulton en 1823 un nuevo presupuesto para la acuñación de oro, recibió del
fabricante la sugerencia de instalar una casa de moneda en Buenos Aires,
como negocio muy conveniente para el país. El industrial acompañaba un
cálculo aproximado del costo, y proponía instalar dicho establecimiento con
maquinarias provistas por él, asumiendo el gobierno el acondicionamiento de
un edificio para tal fin.
Con ese motivo se comisionó al ingeniero Santiago Bevans, quien poco tiempo
después ofreció tres lugares diferentes como futura sede de la ceca. Así
fue como el gobierno, deseoso de llevar adelante el proyecto, consiguió la
sanción de un decreto, el 15 de noviembre de 1824, por el que se lo
autorizaba a invertir hasta 80.000 pesos en la compra de maquinarias y
útiles para la troquelación de moneda.
En estas
circunstancias, febrero de 1825, pasó por Buenos Aires -en viaje de Londres
a Santiago de Chile- el naturalista inglés John Miers; anoticiado del asunto,
propuso a las autoridades tomar a su cargo la instalación de la ceca, con
mayor rapidez y menor costo que el solicitado por Boulton, y ocupándose en
persona de los trabajos.
Luego de algunas tratativas se concluyó el
contrato, por el cual Miers se comprometía a importar de Gran Bretaña cuatro
prensas de acuñar, tres máquinas de laminar, una para cortar cospeles y
todos los demás elementos necesarios para la ceca. El gobierno porteño
debía, por su parte, construir la casa de piedra, ladrillos y madera donde
funcionaría el cuño.
Miers recibiría la suma de 60.000 pesos en tres cuotas,
la primera de 12.000 a la firma del contrato, 25.000 al recibo de las
maquinarias y el resto al dejar la casa en funcionamiento.
Si bien la ceca iba a ser instalada por cuenta del gobierno porteño, ínterin
(28 de enero de 1826) se había fundado el Banco Nacional de las Provincias
Unidas del Río de la Plata, cuyos estatutos lo dotaban de la facultad de
acuñar moneda. Por esta razón las autoridades le endosaron la delicada tarea
de abrir y operar el troquel. En noviembre de 1826, se ensayó la maquinaria
en presencia de Miers y del Directorio del Banco. A partir de 1827, se
comenzaron a emitir las primeras monedas de cobre en los valores de 20, 10 y
5 décimos, más una pequeña de 1/4
de real. Las dos piezas más grandes llevaban un ave fénix entre
llamas, con la leyenda circular
ARDESCIT ET VIRESCIT. Para la acuñación de los 5 décimos (medio real)
se utilizaron como cospeles los décimos de 1822 y 1823, que habían sido
desmonetizados, lo que puede observarse por los rastros que aparecen en
estas piezas.
En 1827, Miers hizo un segundo viaje a Inglaterra para traer herramientas y
útiles y también una nueva máquina, pues la encargada en 1825 había quedado
en Río de Janeiro, bloqueada por la guerra argentino-brasileña. Tras su
partida, las acuñaciones de la casa continuaron regularmente, pero en 1828
surgieron problemas y el Banco suspendió el trabajo en septiembre, dejando
cesante al personal: por esa razón tampoco se hicieron emisiones de cobres
en 1829. En agosto de ese año, Miers llegaba con las nuevas maquinarias; las
tareas de acuñación se reanudaron en 1830, prosiguiendo en 1831, cuando
Miers abandonó el país definitivamente.
Pequeñas partidas de 5 décimos siguieron fabricándose hasta 1835, con cuños
anteriores. En esa fecha cesaron todas las operaciones, habiéndose acuñado
monedas por un valor total de 448.000 pesos; el edificio quedó a cargo del
grabador Pedro Miranda. El Banco Nacional fue disuelto en 1836 y reemplazado
por una institución similar llamada Casa de Moneda. Es interesante señalar
que una buena parte de aquellas emisiones pasó a la Banda Oriental,
especulación que dejaba sólidas ganancias a los traficantes, lo que movió al
gobierno a prohibir la exportación de cobres en 1838.
En 1840, la
escasez de numerario era tan fuerte que el gobierno, por decreto del 11 de
febrero, autorizó a la Casa de Moneda a emitir hasta 400.000 pesos en cobres
de 2, 1 y 1/2 real. Todas estas piezas llevan la leyenda
¡VIVA LA FEDERACION!
Los troqueles
fueron abiertos por el grabador José Rousseau. La acuñación con fecha 1840
continuó el año siguiente, suspendiéndose hasta 1844, en que reaparecieron
los cobres, pero únicamente en el valor de 2 reales, batidos sobre delgadas
láminas de metal.
La ceca
reiniciaría su actividad sólo en 1853, con planchas de cobre remitidas desde
Londres: las labraciones abarcan el período de segregación de Buenos Aires.
En dicho año se acuñaron monedas de 2 reales, valor que tornó a ser emitido
en 1854 -cuando la entidad pasó a denominarse Banco y Casa de Moneda-, 1855
y 1856.
En 1854 se batió por única vez una pieza de 1
real, hoy bastante escasa. En ese lapso se troquelaron monedas por casi
700.000 pesos, resolviendo el Directorio que, por ser suficiente tal suma
para la circulación, se paralizaran las acusaciones.
En 1860, fue reabierta la ceca, emitiéndose unidades de 2 reales con fecha
1860 y 1861. Los cuños, cuya confección se atribuye al artista Pablo Cataldi,
serían los últimos utilizados en el establecimiento. Las maquinarias
quedaron inactivas en la sede del Banco de la Provincia de Buenos Aires -título
del Banco y Casa de Moneda desde 1863-, que en 1867 -al iniciar la
construcción de un nuevo edificio- las mandó a los talleres del Ferrocarril
del Oeste, donde el material fue depositado a la intemperie, para luego ser
vendido como metal en público remate. Así terminó la primera ceca de Buenos
Aires.