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Un día de Abril de 1818 la catedral de
Santiago de Chile aparecía iluminada esplendorosamente. Con motivo del
triunfo de Maipú se celebraba el solemne tedéum, al que asistiría toda la
plana mayor de la oficialidad argentina; pero al iniciarse la ceremonia se notó
la falta del segundo jefe del Ejército de los Andes: éste se había excusado
de asistir porque carecía de una camisa para ponerse. El gobierno chileno había
ordenado le fuese entregado dinero para que adquiriera con urgencia el
vestuario necesario, pero el militar, pensando en la extrema pobreza del
tesoro público, declinó aceptar el obsequio. Este hombre era Antonio González
Balcarce, el mismo que ocho años antes había comandado el Ejército laureado
con la primera victoria de la patria.
Había nacido el 13 de Junio de 1774, hijo
del Teniente Coronel Francisco González Balcarse y de María Victoria Martínez
de Fontes y Bustamante, cuyo padre fuera Gobernador del Paraguay.
Tempranamente alistado en las filas, como era costumbre en la época, en 1801
había alcanzado el grado de Capitán. Seis años más tarde contrajo
matrimonio con Dominga Francisca Buchardo, pero a los pocos días de la
ceremonia debió partir para Montevideo a fin de colaborar a la defensa de la
ciudad contra la Invasión de Auchmuty. Al triunfar los británicos, cayeron
prisioneros varios oficiales porteños, entre ellos Balcarce, quien fue
remitido a Londres.
Más de un año permaneció internado en
Inglaterra, hasta que el tratado anglo-hispano de 1809 le permitió
trasladarse a España. Allí tomó parte en la guerra contra los franceses y
mereció el ascenso a Teniente Coronel de caballería.
En las jornadas de Mayo se hallaba de
regreso en Buenos Aires. Fue designado Comandante del tercer escuadrón del
Regimiento de Voluntarios de Caballería de la Patria; posteriormente se
desempeñó como Mayor General de las tropas enviadas al interior por la
Junta.
Después de los sucesos que desembocaron en
el fusilamiento de Liniers y sus compañeros,
Balcarce tomó el mando del Ejército, enfrentando a los españoles primero en
Cotagaita y luego en Suipacha. Esta victoria le valió su ascenso a Brigadier.
Menos fortuna tuvo cuando, junto con Castelli, dirigió las fuerzas patriotas
en el combate de Huaqui, en Junio de 1811. A su actividad militar Balcarce sumó
la de estadista, pues ocupó interinamente, y por breve lapso, el cargo de
Director de las Provincias Unidas en el crítico año de 1816.
Más cómodo en los fragores de la guerra,
Balcarce se trasladó a Chile después de la batalla de Chacabuco, para
reemplazar provisoriamente a San Martín durante la enfermedad de éste. El libertador,
ya repuesto, lo designó Jefe de las tropas acantonadas en el campamento de
las Tablas. Poco después, tras la derrota de Cancha Rayada, Balcarce asumió
la segunda jefatura del reorganizado Ejército de los Andes. Después de Maipú
fue enviado al sur chileno para enfrentar a los restos de las tropas
realistas. Pero ya estaba minado por el mal que lo llevaría a la tumba en
pocos meses. En Enero de 1819 tomó el Fuerte de Nacimiento, pero transfirió
el mando al Coronel Ramón Freire, ante la imposibilidad física de continuar
la campaña, y regresó a Buenos Aires. En su hogar porteño, ubicado en la
intersección de las actuales calles Hipólito Yrigoyen y Balcarce, murió el
5 de Agosto de 1820.
Dejó cuatro hijos: Mariano, que contrajo
enlace con la hija de San Martín, Merceditas; Avelina, que militó en la
resistencia contra Rosas; Florencio, destacado como poeta, y María
Magdalena, que murió soltera en París en 1902. Ocho meses después de su
muerte nació Máximo, hijo póstumo que murió en la infancia.
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