 Si Beresford se caracterizaba
por la prudencia y mesura de su acción y el respeto por los semejantes, aun
cuando fueran sus adversarios o derrotados, Popham era todo lo contrario: audaz
e impulsivo, derrochaba sagacidad cuando se trataba de encauzar los
acontecimientos o las personas al servicio de sus objetivos, pero se tornaba
despótico y duro sí tenía las cartas de triunfo en sus manos.
Sir Home Riggs Popham fue el vigésimo primer hijo del cónsul británico en Tetuán
(Marruecos), donde nació en 1762. Educado en el Colegio de Westminster y en la
Universidad de Cambridge, ingresó muy joven en la Armada, donde hizo una
brillante carrera. En 1780 participó en la batalla de San Vicente y en 1783, con
el grado de teniente, realizó trabajos hidrográficos en la costa de África.
Años después, se retiró de¡ servicio para dirigir el mando de buques mercantes
en la India, en sociedad con Guillermo Pío White, un comerciante con intereses y
actuación posterior en Buenos Aires.
Tras reingresar en la Marina, se especializó en transporte y desembarco de
tropas. En 1805 condujo la expedición del general David Baird que se apoderó de
Cabo de Buena Esperanza, y planeó la invasión a Buenos Aires que, junto con el
general Beresford, realizó al año siguiente. Más tarde participó con el general
Wellington en el ataque a Copenhague, fue jefe de las fuerzas navales del norte
de España en la Guerra de la Península y concluyó su carrera de marino como
comandante en jefe de las Antillas, cargo que desempeñó entre 1817 y 1820.
Varios años antes, en 1814, había sido promovido a contralmirante y recibido el
título de caballero de la Orden del Baño. Murió en Inglaterra en 1820.
Popham perfeccionó el sistema de señales visuales -con banderas y semáforos- de
la escuadra británica, y por su actuación como explorador, astrónomo y
navegante, fue miembro de importantes sociedades científicas.
Pero la polifacético personalidad de este brillante marino no se agotó en las
actividades específicas de su profesión. Fue también un perspicaz diplomático,
que cumplió varias misiones secretas e confianza, una de ellas en Rusia, en
1799: allí el zar lo hizo caballero de la Orden de alta. Su actuación como
político no fue menos intensa: en 1803 ocupó una banca en el Parlamento en
representación del partido "tory" (conservador), y desde entonces participó en
los planes de Miranda y el Ministro Pitt para promover la independencia de las
colonias españolas de América.
Sin embargo, el acto más audaz e imaginativo de su vida fue la invasión a Buenos
Aires, aunque, en realidad, le acarreó un consejo de guerra, por haberla
efectuado sin autorización ni órdenes de sus superiores.
Pero el proceso a Popham, desarrollado en un buque de guerra anclado en
Portsmouth, terminó con una leve "reprensión" por su conducta, y para nada
vulneró su popularidad: a su término, desembarcó entre una multitud que lo
aclamaba y lo acompañó hasta su casa entre demostraciones de simpatía.
Para los ingleses, Popham era el arquetipo del héroe, que afrontó la empresa
conquistadora con valentía, decisión y medios insuficientes. La culpa de la
derrota, en todo caso, debía atribuirse al gobierno británico, que no lo ayudó
en el momento oportuno.
De cualquier manera, los juicios sobre Popham no coinciden: John Fortescue,
historiador del Ejército inglés, ha dicho que el objeto principal de sus
operaciones y su punto débil fueron siempre las recompensas y las presas.
Fortescue lamentó que el pueblo de Buenos Aires no haya podido colgar a Popham
"como éste se merecía".
Según H. S. Ferns, un historiador británico contemporáneo, Popham fue, en
cambio, "un representante de la época en que vivió y de la nación a la que
pertenecía, por la variedad de su talento, la abundancia de sus energías y la
amplitud de su imaginación y experiencia políticas". En el fondo, hay una clave
para entender a este marino singular: él creía que Gran Bretaña era superior en
todo sentido y que estaba llamada a regir a todos los pueblos del mundo. Su vida
fue un testimonio de esa convicción.
|