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Juan
José Antonio Castelli Villarino nació en Buenos Aires el 19 de Julio de
1764, hijo de un médico veneciano, Angel Castelli Salomón, y de una porteña,
María Josefa Villariño y González de Islas. El futuro vocal de la Junta de
Mayo cursó sus primeros estudios en el Real Colegio Convictorio Carolino y
luego en Córdoba. Al regresar a la capital del Virreinato, muerto ya su
padre, el joven Castelli decidió seguir la carrera de Derecho, trasladándose
entonces a la Universidad de Chuquisaca. En sus claustros recibió la
licenciatura en 1788, y en seguida abrió un estudio en Buenos Aires. En 1796
su primo Manuel Belgrano logró que lo nombraran secretario interino del
Consulado de Comercio, mientras durara su ausencia de un año debida a su
deficiente estado de salud. Tres años más tarde Castelli fue designado
Regidor del Cabildo.
Había
contraído enlace con María Rosa Lynch (quien le dio seis hijos), cuando en
1801 colaboró en la fundación de la Sociedad Patriótica, Literaria y
Económica, escribiendo también en el Seminario
de Agricultura y en el Telégrafo
Mercantil.
Los
comienzos del siglo XIX ponían ya de relieve las polémicas políticas
originadas en la situación europea, y Castelli adhirió a la corriente
carlotista, siendo uno de los firmantes de la memoria redactada por Belgrano
que apoyaba los derechos de la infanta Carlota Joaquina al trono de Buenos
Aires.
Por
entonces fue arrestado en Montevideo un médico inglés - Diego Paroissien -
en cuyo poder se encontró documentación de Saturnino Rodríguez Peña
instando a la urgente coronación de la Infanta. Santiago de Liniers procesó
a los principales complicados, desde Paroissien hasta Rodríguez
Peña, y
Castelli asumió su defensa. En su escrito - considerado como el antecedente
jurídico de mayor relieve en la fundamentación posterior del Cabildo abierto
del 22 de Mayo de 1810 - el hábil abogado señalaba que Paroissien no podía
ser juzgado por las ideas de Rodríguez Peña. Al mismo tiempo advertía que
ni éste ni sus teorías eran tampoco condenables, “teniendo
en cuenta que la necesidad de la regencia de la Princesa procedía de sus derechos eventuales a la corona de España”.
Desarrolló
luego argumentos filosóficos, jurídicos y políticos que fueron
utilizados más tarde en el memorable Cabildo, para justificar el derecho del
pueblo rioplatense a reasumir su soberanía, como consecuencia de la prisión
de Fernando VII. Castelli participó en el movimiento de Alzaga que logró
constituir una Junta en Montevideo, pero no tardó en separarse de él.
Como
vocal de la Junta de Mayo apoyó la política de Mariano Moreno, trabajando
intensamente para concretarla. No vaciló en ejecutar a Santiago de Liniers en
Córdoba, arrostrando las críticas de sus contemporáneos, y continuó como
delegado de la Junta en el Ejército Expedicionario. No tardó en chocar con
el segundo jefe de este ejército el coronel Juan José Viamonte, por
diferencias ideológicas y políticas. La labor de Castelli en el Alto Perú
ha sido estudiada y criticada extensamente, debido a su férrea conducta. En
su calidad de delegado proyectó la reorganización de la Casa de Moneda de
Potosí, planeó la reforma de la Universidad de Charcas y propuso conceder el
derecho de voto a los indígenas.
La
victoria del general Goyeneche sobre las fuerzas patriotas en Huaqui, el 20 de
Junio de 1811, motivó un largo proceso, conocido como el Proceso de Desaguadero. Castelli fue separado de su cargo y
desterrado, y en Diciembre de 1811, en Buenos Aires, se le inició el
respectivo sumario. Su juez fue el tío de Mariano Moreno, el Doctor Tomás
Antonio Valle, pero la justicia no alcanzó a pronunciarse, porque el 12 de
Octubre de 1812 Castelli moría de un cáncer en la lengua.
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