ELECCIONES Y FRAUDE

Se transcriben a continuación del libro de memorias del dirigente socialista Enrique Dickman, Recuerdos de un militante socialista, el relato de una elección celebrada en Buenos Aires en tiempos de la presidencia del doctor José Evaristo Uriburu. Dicha elección tuvo por fin designar nuevos diputados por la Capital Federal, y se realizó el 1º de Abril de 1898.

A las 7 de la mañana del día de la elección, los socialistas del Pilar (en esa época las secciones electorales llevaban el nombre de las distintas parroquias de Buenos Aires, en este caso la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, en el barrio de la Recoleta) - Angel M. Giménez, Lamesa, Fricherio, Negri, Adolfo Dickman y el que esto escribe - nos instalamos resueltos a todo en plena calle, frente el atrio de la Iglesia de la Recoleto, con una mesa, una gran bandera roja y un enorme cartel que anunciaba el nombre del Centro Socialista. Pretendimos enviar algunos fiscales a las mesas, pero fueron rechazados, con pretexto de que nadie conocía al Partido Socialista.

Este primer revés no nos desalentó, dándonos en cambio más bríos. Después do las 8 empezó la farsa. Pero poder votar había que esperar turno en algún grupo reconocido por el presidente del atrio, que generalmente era caudillo de comité, y que, nada tenla que ver con al acto electoral. A los socialistas no nos permitieron formar grupos ni nos dieron turno. Tuvimos que ubicarnos disimuladamente en los otros grupos. Confieso que ni la ubicación ni la vecindad nos eran agradables ni seguras. Después de una larga espere pudimos acercarnos a las urnas. Pero cuán grande fue nuestra sorpresa cuando el Presidente de la mesa nos dijo, tranquilo y cínicamente, que no podíamos votar porque ya habían votado por nosotros. Quisimos protestar, pero la policía nos arrojó brutalmente del atrio. No nos arredramos tampoco por este grave revés, o Instalados en nuestra mesa, en medio del malevaje que nos miraba huraño y de soslayo, ofrecimos boletas socialistas a todo el mundo. Algún lunfardo decía en alta voz a su compinche, señalándonos con el dedo: Mirá, che, a éstos. ¡Qué locos lindos!

Algunos escrutadores quisieron evitar todo molestia a los presuntos electores vaciando el padrón desde el primer momento, pero en la tarea de copiar el registro - que la hacia algún escribiente, pues muchos de los escrutadores eran analfabetos - se les iba la mano y en las mesas cuya serie era de 150 a 180 Inscriptos, aparecían votando 230 d 280. Pero este pequeño error jamás invalidaba la urna. Algunos ciudadanos heroicos consiguieron filtrarse a través de la espesa mella del fraude y depositar unos pocos votos Por el Partido Socialista. Pero éstos fueron anulados en el escrutinio por orden del Presidente del atrio, quien dijo: Hay que inutilizar las boletas socialistas, no hay que darles importancia a esos locos. .. Aquel día fuimos testigos oculares del fraude electoral más repugnante. Un Joven negro que había votado ya varios veces fue interpelado, en tono amable, por uno de la mesa:

-¿Hasta cuándo vas a votar, che?

- Que quiere niño - contestó el negro -, soy como el máuser nuevo, no para hasta no largar todos los tiros... y se retiró haciendo unos requiebros milongueros.

Otro mulatillo, vestido de frac y sombrero de copa, llegó a votar ciento ocho veces. Interpelado, contestó que lo hacía porque así le ordenaba el dotor , refiriéndose el señor Luro, que era el gran elector de la parroquia del Pilar (Santiago Luro, que fue presidente del partido Conservador, diputado nacional y dos veces presidente del Jockey Club).

Momentos entes de las 4, hora de clausura del comicio, llegaron unos ochenta malevos de a dos en fondo totalmente ebrios, capitaneados por un caudillejo, para votar en el Pilar después de haber recorrido todas las parroquias y votado en todas ellas. El escrutinio se realizó en un abrir y cerrar de ojos. No hubo fiscales. Nadie Impugnó nada. Fue una elección canóniga, en los dominios del señor Luro.