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El
valor económico de la carne se afirma a fines del siglo XVIII, con la
aparición del saladero, cuyo auge se extiende durante toda la primera mitad
del siglo siguiente. A su vez el saladero cede ante la saturación del
mercado de tasajo - en especial, las plantaciones del Brasil y Cuba con mano
de obra de esclavos - y
la paulatina desaparición de la esclavitud. A mediados del siglo XIX se
advierte ya la necesidad de una transformación en el sistema de conservación
de la carne, para su ubicación en nuevos mercados consumidores.
En
1873 Charles Tellier inventó un procedimiento de conservación por
frío seco, que fue perfeccionado después de algunas vicisitudes. En 1877,
cuando llegó a Buenos Aires el primer barco frigorífico, se inició una
nueva etapa para la economía ganadera argentina. Había nacido el frigorífico.
En
1882 Eugenio Terrason construye
en San Nicolás de los Arroyos el primer frigorífico, y al año siguiente
inicia la exportación a Gran Bretaña de corderos congelados. En 1883
se establece en Campana la segunda planta frigorífica perteneciente a la
firma The River Plata Fresh Meat, de capital británico, formada por
Jorge y Alfredo Drabbie; este frigorífico empezó en 1884 a elaborar
carne vacuna congelada. El tercer frigorífico surgió en 1885 en Avellaneda:
la Compañía Sansinena de Carnes Congeladas, integrada por capitales
argentinos. Al año siguiente la firma James Nelson and Sons instala
en Zárate el frigorífico Las Palmas.
Durante
esta primera etapa nuestra industria frigorífica se dedica casi
exclusivamente a congelar carne ovina, en momentos de notable mestización
del lanar. En 1886 se inauguró la Exposición Rural Internacional, donde
pudo apreciarse el progreso alcanzado por la ganadería argentina hasta esa
fecha.
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