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Durante
el quinquenio que precede al gobierno de Pellegrini, la inmigración
no dejó el sedimento que se esperaba de acuerdo con la magnitud de la masa
movilizada. Tal hecho debe atribuirse, entre otras causas, al alto precio
alcanzado por la tierra en un período de especulación, lo que cerró el
paso al suelo colonizable. El mismo factor influyó en el menguado arraigo
de la inmigración, al favorecer la fuga que, comenzada en 1889, se
acentuó durante los años 1890 y 1891.
Las cifras indican la
dirección de esa evolución:
| Año |
Inmigración |
Emigración |
Saldo |
| 1889 |
260,909 |
40.649 |
220.260 |
| 1890 |
110,000 |
80.000 |
30.000 |
| 1891 |
52,000 |
82.000 |
30.000 |
| 1892 |
73,000 |
44.000 |
29.000 |
Otra
de las deficiencias de la política inmigratoria de la época fue la de
fomentarla artificialmente. Una ley de 1888 autorizó al Poder
Ejecutivo a garantir subsidiariamente ante el Banco Nacional los anticipos
del importe de pasajes de los inmigrantes. Los pasajes subsidiarios
fomentaron la inmigración artificial, de tal suerte que la Memoria del
Ministerio de Relaciones Exteriores de 1891 califica de experiencia
dolorosa a dicha política, El servicio de los pasajes subsidiados tuvo
vigencia hasta el 31 de Mayo de 1891, y durante el período en que se
lo experimentó se introdujeron en el país 134.081 inmigrantes
subsidiarios, cuyo transporte costó 5.600.161 pesos; de toda esa masa, solamente 64.519 eran varones mayores de 12 años.
La medida mencionada tendió a favorecer la emigración de franceses y de ciudadanos del norte europeo. Si bien
aumentó el boom que precedió al
90, sus resultados no fueron duraderos: el óptimo mercado de trabajo que se
le pintaba al inmigrante no era tal y el desaliento de los recién llegados
produjo un incremento de la fuga. Se agrega a ello la crisis del 90. que
influye, entre otras cosas, en la supresión de los anticipas de pasajes, en
adelante sólo reservados a parientes de personas ya radicadas en el país.
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