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En
Noviembre de 1890, gobernando la provincia de
Santa Fe el doctor Juan M. Cafferata, ocurrió en la ciudad de Rosario un
sangriento episodio que caldeó la opinión política más todavía de lo
que lo estaba.
El 9 de ese mes y año se realizaba en el atrio de la iglesia parroquia¡ la
inscripción de ciudadanos para los comicios de renovación de la Cámara de
Diputados. Estaba presente el Coronel Benjamín Moritán, veedor especial
enviado por Pellegrini, y se encargaban
de guardar el orden efectivos del 3º de Línea y de la cañonera Bermejo.
Las fuerzas políticas concurrentes eran las representativas de la Unión
Cívica, del partido Autonomista y de los iriondistas,
opositores éstos en el orden provincial; estos partidos ocupaban,
respectivamente, el centro de la plaza, la esquina de Santa Fe y Buenos
Aires, y la calle Laprida.
En
un momento dado alguien dispara un arma de fuego, y siguen varios tiros más.
Los disparos hacen blanco en algunos soldados del 3º de Línea y de la cañonera;
y sus compañeros, repeliendo la agresión, abren fuego indiscriminado sobre
los grupos de los partidos. El saldo que resta es lamentable: seis muertos y
decenas de heridos. los más exaltados entre los civiles hablan de organizar
cantones para enfrentar a las tropas.
Después
de los cruentos sucesos, las autoridades iniciaron un sumarlo que concluyó
en la nada. La denuncia hecha por los cívicos de que el jefe político había
ordenado inscribir guardianes del orden en el padrón nacional fue
desechada. En la causa instaurada para investigar los hechos se inhibieron
el fiscal federal y cinco conjueces por diversos motivos.
Al fin aceptó ser juez el doctor Joaquín Lejarza de los cívicos. Pero
cuando llamó a declarar a los marineros del Bermejo,
el barco zarpó aguas abajo. Y en la segunda citación, la nave zarpa
aguas arriba. La cañonera fue buscada en varios puertos, sin éxito.
Lejarza se cansó y renunció.
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