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EL PERIODISMO DURANTE LA COLONIA
A
la Compañía de Jesús se debe, en el Río de la Plata, la Introducción
del arte de imprimir. Los miembros de la Orden, deseosos de poner al alcance
de los indígenas de las misiones vocabularios y catecismos, solicitaron, al
efecto, la autorización correspondiente para instalar un taller de
imprenta. Y tras la concreción de tan ambicioso proyecto partió el padre
Antonio Ruiz de Montoya, rumbo a España. La materialización de la idea,
sin embargo, se produciría por una vía inesperada. En efecto, a comienzos
del siglo XVII, los esfuerzos de los padres Juan Bautista Neuman y José
Serrano se vieron premiados con la instalación de un verdadero taller de
imprenta, ideado por ellos y construido, bajo su dirección, por los indígenas
de las reducciones misioneras. Contaba el taller con prensas, confeccionadas
en madera dura, tipos de estaño y viñetas de metal y madera. Estos
elementos, no por rudimentarios menos útiles, permitieron, el fin, que de
las prensas saliera el primer impreso: el
Martirologio Romano, editado en el año 1700.
En
segundo término se llevó a los caracteres impresos el Flos Sanctorum del padre Juan Pascual Rivadeneira, en traducción
del padre José Serrano. La tercera edición, admirable por muchos motivos,
fue una traducción de la obra de Juan Eusebio Niremberg, De la diferencia entre lo temporal y lo eterno, debida a la pluma
del padre Serrano. Este último trabajo, Ilustrado magníficamente con láminas
grabadas en cobre y numerosas viñetas, constaba de 472 páginas.
También
fue obra de los jesuitas la instalación y puesta en marcha de la imprenta
de Córdoba, cuyos orígenes se remontan al año 1758. En ese año, estando
en Génova, Italia, el padre Carlos Gervasoni adquirió los utensilios
necesarios para instalar un taller de imprenta, con destino a la Universidad
de Córdoba. Años más tarde, en 1764, dichos elementos llegaron, por fin,
a la citada ciudad, totalizando diecisiete cajones,
en los que eran transportados las prensas
y los diferentes tipos. Instalada la imprenta, funcionó hasta que se
produjo la expulsión de los jesuitas, en 1767: a partir de ese momento, y
hasta 1780, el taller se mantuvo inactivo.
Por último, en el año citado anteriormente, la
imprenta fue trasladada a Buenos Aires. Las necesidades crecientes de las
tareas administrativas del Virreinato obligaban a incrementar el número de
escribientes, por lo que la imprenta, lógicamente, reemplazó con ventaja a
muchos de estos últimos.
Su instalación se produjo, de acuerdo con un decreto
del Virrey Vértiz, el 21 de Noviembre de 1780, recibiendo la denominación
de Real Imprenta de Niños Expósitos.
El taller fue instalado en la esquina de las calles
San José y San Francisco. La puesta en marcha del mismo, además, se confió
a don Agustín Garrigós radicado en Monte video y a quien se hizo venir a
Buenos Aires.
Instalada ya, la Real Imprenta editó, el 8 de Enero
de 1781, un noticiero titulado Noticias
recibidas de Europa por el Correo
de España por vía del Janeiro. Poco
más tarde, hacia el 19 de Mayo del mismo año, fue editado otro noticiero,
titulado Extracto de las noticias
recibida de España por la vía de Portugal.
Hacia 1797, tras obtener real licencia para
trasladarse a España, el Coronel y abogado don Francisco Antonio Cabello
y Mesa, radicado desde años antes en Lima, llegó a Buenos Aires, en tránsito
para su patria. El bloqueo de los puertos del Río de la Plata, por parte de
los buques de guerra y corsarios enemigos, sin embargo, impidió la
continuación del viaje. Como consecuencia, Cabello y Mesa, hombre activo y
emprendedor, decidió continuar en Buenos Aires la empresa que había
comenzado en Lima, al fundar el Diario
Curioso, Erudito, Económico y Comercial y, más tarde, el Mercurio
Peruano.
Sus
esfuerzos se vieron coronados por el éxito el 6 de Noviembre de 1800,
cuando el Virrey del Río de la Plata, marqués Gabriel de Avilés y del
Fierro, expidió la autorización solicitada por Cabello y Mesa para fundar
en Buenos Aires una Sociedad Patriótica, Literaria y Económica y editar un
periódico titulado Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e
Historiógrafo del Río de la Plata.
La
publicación, editada en la Real Imprenta de Niños Expósitos, comenzó a
circular el 1º de Abril de 1801 El ejemplar, que tenía la forma de un
cuadernillo de veintiún centímetros por quince, constaba de ocho páginas,
si bien ese número se elevó en algunas entregas.
El
periódico, que contó con 236 suscriptores (159 de la ciudad de Buenos
Aires y 77 del exterior) apareció, hasta el 4 de Octubre de 1801, dos veces
por semana, los miércoles y los sábados. A partir de la fecha citada, en
cambio, apareció una sola vez, los domingos.
Debe
destacarse que, si bien Cabello y Mesa no se caracterizaba por la calidad de
su pluma, supo rodearse de una pléyade de colaboradores que dieron
prestigio al periódico. Se contaron entre éstos a Domingo de Azcuénaga,
José Joaquín Araujo, el deán Gregorio Funes, Pedro Antonio Cerviño,
Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Manuel
Medrano y otros.
Finalmente,
un artículo, titulado Política - Circunstancias en que se halla la
provincia de Buenos Ayres e islas Malbinas y modo de repararse, de dudoso
gusto, y que fue considerado insultante para el país, motivó la clausura
del periódico. El último número del Telégrafo, como consecuencia,
vio la luz el 15 de Octubre de 1802. la colección completa de la publicación
citada comprende 110 números y 4 suplementos.
El 19 de Septiembre de 1802, un
mes y medio antes de la desaparición del Telégrafo apareció en Buenos
Aires el primer número del titulado Semanario de Agricultura, Industria y
Comercio, fundado por Juan Hipólito Vieytes y con pie de imprenta de los Niños
Expósitos. Si bien la
publicación tenía por principal fin el tratar los problemas del país, en
ella no se dejó de lado la información correspondiente a los sucesos del
exterior, de los que se dieron noticias amplias y veraces.
También en el Semanario colaboraron hombres destacados y
prestigiosos.
El último
número del Semanario, el 118, fue publicado el 11 de Febrero de 1807. The
Southern Star -La Estrella del Sur- fue un periódico editado por los
ingleses durante su permanencia en Montevideo.
Escrito en inglés y en castellano, su primer número apareció el 23
de Mayo de 1807. En sus
columnas, en la redacción de las cuales intervino el abogado Cabello y
Mesa, se trataron las cuestiones económicas y comerciales de la época,
atacando al régimen impuesto por España a sus colonias y abogando por la
libertad de comercio.
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