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EL
PROCESO DE BELGRANO
“El pueblo de Buenos Aires creyó que el General del Norte
D. Manuel Belgrano
no había llenado
con la exactitud correspondiente los deberes todos que le impuso la
alta confianza que mereció a la patria en aquella expedición”.
Así
rezaba en su primera plana la Gazeta de
Buenos Ayres del 11 de Agosto de 1811, precediendo al decreto de la Junta
con la absolución de Belgrano, en el proceso que se le siguió por la campaña
del Paraguay.
Llamado
el jefe de la expedición a Buenos Aires, se le inició la causa, el 6 de
Junio de 1811. Pero la cabeza del proceso no contenía cargos concretos, sino
una “petición del pueblo” para
que se hiciesen “los cargos a que hubiese lugar”.
Fue
designado fiscal militar el Coronel Marcos González Balcarce, quien se
encontró con la dificultad de la ausencia de cargos. Entonces se procedió a
colocar carteles en las paredes llamando “a
todos los ciudadanos o militares que
tuvieran algo que declarar contra el
General Belgrano”, publicándose también este bando en el Ejército de
la Banda Oriental y haciéndose el llamado incluso a la tropa. Ante la falta
de respuesta al procedimiento éste se repitió, pero nuevamente sin éxito
alguno Dos semanas más tarde, los oficiales que habían acompañado al
General porteño en su campaña al Paraguay presentaron un oficio al gobierno,
declarando “que no había un oficial ni un soldado que tuviera la menor queja que
producir contra él”, y expresaban haber convenido de común acuerdo
entregar este documento, “sin que a
esto nos haya impelido otra causa
que el amor a la justicia, y salvar
el buen nombre de un patriota, a quien vimos
sacrificarse en todas ocasiones en
obsequio de la patria y de la gran
causa que defendemos”.
El
documento es particularmente significativo, porque no sólo defiende a renglón
seguido todas las acciones de Belgrano, sino que subraya “el heroico
valor con que logró que nuestras armas se cubriesen de gloria en los
memorables ataques de Candelaria, Paraguarí y Tacuarí”. El tribunal llamó a declarar, sin embargo, al Gobernador de
Misiones, Coronel Tomás Rocamora, al Teniente Coronel Gregorio Perdriel, al
Teniente Ramón Elorga y al Alférez Antonio Segovia, entre otros militares.
Pero ninguno de los testimonios arrojó duda sobre la conducta del general en
jefe. El proceso, como señala un historiador, se estaba convirtiendo “en
un verdadero triunfo para Belgrano”, hasta que, finalmente, el
gobierno resolvió, el 9 de Agosto - tan sólo dos meses después de iniciarse
el sumario -, emitir la absolución, que la Gazeta
de la fecha citada hizo preceder de este comentario: “El (Belgrano) ha
servido bien a la patria; véase aquí la más lisonjera declaración que hoy
ha conseguido, y un nuevo motivo
que debe empeñarlo doblemente en su
servicio. La Patria lo llamó para
que lo justificase, y él lo ha
hecho. La Patria confiesa y lo publica,
y el decreto siguiente de la Excma. Junta será un testimonio perpetuo de ello,
que funde su reconocimiento y sirva de estimulo a los demás:
“Vistos con lo expuesto por el Excmo.
Cabildo, alcaldes de barrio y
oficiales del ejército del Norte, se declara que
el general don Manuel Belgrano se ha
conducido en el mando de aquel ejército
con un valor, celo y constancia dignos
del reconocimiento de la patria; en consecuencia, queda repuesto en los
grados y honores que obtenía, que
se le suspendieron en conformidad de lo acordado
en las peticiones del 6 de Abril, y
para satisfacción del público y de este
benemérito patriota, publíquese este decreto en la Gazeta”.
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