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Buenos
Aires contaba en 1880 con dos muelles: el de pasajeros, de 210 metros
de extensión, y el de las Catalinas,
de 150 metros. Los barcos de gran calado debían normalmente anclar a
distancia de la costa; cuando bajaba la marea, debían trasbordar en medio
del canal, tanto los pasajeros como las mercaderías, y llegar en lanchones
a la orilla. Esta situación no estaba acorde con las necesidades del nuevo
país que se estaba configurando. Los productos exportables que los
ferrocarriles acercaban al puerto reclamaban obras adecuadas al tráfico.
Eduardo
Madero, que venía preocupándose de este problema desde veinte años antes,
reanudó sus gestiones durante el gobierno de Roca, después de un
viaje a Inglaterra, donde había logrado el asesoramiento del ingeniero hidráulico
John Hawkshaw y el respaldo financiero de la banca Baring. Roca lo
apoya. En Octubre de 1882 el Congreso nacional autorizó al P.E. a
tratar con Madero la construcción de las obras proyectadas, en la ribera “entre la usina de gas
al norte y la boca del Riachuelo
al sur”.
Después de largas
tramitaciones, el 22 de Diciembre de 1884 el gobierno nacional firmó
un contrato con la firma Eduardo Madero e Hijos por el cual ésta se
comprometía a realizar los trabajos, a un costo de 20 millones de pesos oro
sellado, y se aceptaba la dirección de Hawkshaw e Hijos y Hayter para
realizarlos.
El
nuevo puerto fue inaugurado en 1894.
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