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En el
decenio 1870 -1880, la
arquitectura italianizante alcanza un creciente apogeo, seguido de una
vertiginosa decadencia marcada por la corrupción decorativista, expresión
de la prosperidad económica del país.
Por
su parte, la generación del 80 define las
nuevas pautas culturales y políticas dentro de una mentalidad europeizante
y eclecticista. En lo económico se recuesta en Inglaterra; en lo
inmigratorio, en España e Italia; en lo cultural y artístico,
fundamentalmente en Francia, La arquitectura se asimila a la corriente
academicista francesa - con una breve etapa de influencia alemana, a través
de obras de arquitectos argentinos que estudian en Berlín (Ernesto Bunge,
Carlos Altgelt) -, dando lugar a una prolongada adscripción a los
lineamientos de la Ecole des Beaux Arts de París, de la cual
egresaron la mayoría de los arquitectos que actuaron en la Argentina entro 1880
y 1910. La arquitectura académica francesa es en
realidad, la que mejor representa la manera de ser liberal de la generación
del 80, elite que se identifica “con la manera francesa
de sentir, con el estilo de vida francés, con el gusto de los franceses”.
Pronto
no será suficiente imitar los lineamientos académicos y borbónicos,
adoptando sus elementos (mansarda, frontis, órdenes, balaustrada, modillón,
etc.) y todo el repertorio expresivo de esta arquitectura. Sus propugnadores
buscarán vivir a lo francés dentro de un molde habitacional francés. Esto
explica que obras de importancia fueran encomendadas a arquitectos franceses
que jamás vinieron al país, quienes proyectaban desconociendo el
emplazamiento del edificio, o el modo de vida de su cliente (el que por otra
parte estaba deseoso de cambiarlo pensando que “la casa hace el hombre”).
De
esta forma surgieron el Palacio Paz (actual Círculo Militar), proyectado
por Louls Sortais, y los múltiples diseños del arquitecto René Sargent
(Palacios Errázuriz, Alvear y Bosch, en la Capital Federal, y Ferreyra en
la ciudad de Córdoba).
La
otra vía de transformación arquitectónica fue la de las grandes obras públicas,
fundamentalmente la apertura de la avenida de Mayo, que posibilitó la
ejecución de un homogéneo conjunto de edificios dentro de esta expresión
afrancesada, y que llevó a Ciemenceau a decir: “Buenos Aires, una gran ciudad
de Europa”.
La
multiplicación de los palacetes, mansiones, petits-hotels, hotel-privés, etc, irá terminando con la imagen
italianizante e impondrá la nueva moda arquitectónica. En treinta años (1880-1910)
Buenos Aires deja de ser la gran
aldea, para convertirse en la metrópoli europea que la
civilización y el progreso encarnados en la elite del 80 deseaban.
Sin
duda se puede afirmar que en el plano de las concreciones materiales, la
arquitectura académica francesa creó la escenografía urbana necesaria
para lograr la imagen de este cambio.
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